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Onza de plata 'Libertad'

Benéfico, un peso ligado a metales preciosos y no al dólar

"El Economista"
Felipe Morales Fredes
24 de mayo, 2005.


La caída en el valor del dólar y una serie de focos rojos en la economía estadounidense plantean la necesidad de que México adopte paulatinamente una política monetaria basada en los metales preciosos, lo que colocaría al país a la vanguardia en el nuevo sistema monetario internacional, afirma el panista Fauzi Hamdán Amad.

A 100 años de que nuestro país hiciera la primera reforma monetaria, por la cual se abandonó el patrón bimetálico y se adoptó el patrón oro, posteriormente sustituido por el dólar como medio de pago en transacciones internacionales, la realidad del contexto internacional hace inminente la necesidad de replantear nuevamente la política nacional en esta materia.

En este contexto, el Senado de la República, la Facultad de Economía y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y, el Colegio Nacional de Economistas, conmemorarán hoy el Centenario de la reforma monetaria de 1905, en la cual participarán el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, y el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz.

Las naciones optaron por el dólar como moneda de cambio en las transacciones internacionales tras los acuerdos de Bretton Woods en 1944, con el que se creó el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, cuya finalidad fue establecer un sistema monetario que ordenara el mercado cambiario y favoreciera el comercio trasnacional, por lo que se estableció un sistema de paridades fijas, tomando al oro como denominador común.

En ese contexto, explica Hamdán Amad, surgió un sistema de tipo de cambio fijo, establecido unilateralmente por Estados Unidos, bajo el cual la onza de oro equivalía en ese entonces a 35 dólares. A partir de este parámetro el resto de las monedas fijaron sus tipos de cambio respecto al dólar.

No obstante, los dólares existentes en la balanza de pagos norteamericana fueron superados por el crecimiento del comercio internacional y el dólar comenzó a mostrar los primeros síntomas de crisis, lo que se tradujo en la década de los 60 en que el pasivo monetario exterior de Estados Unidos superara la reserva de oro que sostenía dicha moneda, por lo que ésta dejó de ser convertible al metal.

En este tenor, añade el presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara Alta, en los mercados internacionales hoy no bastan 400 dólares para comprar una onza de oro. Es decir, en los últimos cien años, en términos de este metal, el dólar ha perdido el 95% de su valor.

Aunado a esto, el déficit fiscal del vecino país del Norte, el cual asciende a 3% de su Producto Interno Bruto; el déficit de la cuenta corriente, que supera los 650,000 millones de dólares; el incremento de las tasas de interés; el bajo nivel de ahorro; y el crecimiento en la acumulación de reservas internacionales, cuyo monto le representa a Estados Unidos el 25% del producto, demuestran la necesidad de modificar la estructura financiera mundial.

“Usar el dólar como moneda de reserva monetaria, tiene el gran inconveniente de ligar las distintas economías a los vaivenes y desequilibrios de dicha moneda y a la política económica que impere en Estados Unidos. Tal es el caso de nuestro país, cuya moneda se devalúa no solamente frente al dólar sino regularmente con el dólar”, detalla.

Por eso, explica el Senador, ante el escenario de que el valor del dólar se desplome en el mediano plazo, cabría la propuesta de que México adopte paulatinamente una política monetaria distinta a la actual, basada en los metales preciosos, cuyo calor se cotizaría en función del contenido de dicho metal, principalmente la plata.

“No debemos incurrir en la pasividad de la política monetaria con aquellos problemas económico financieros que después, cuando estallan, provocan un grave daño al aparato productivo del país, y deterioran los niveles de vida de la población, cuya mayoría se encuentra en condiciones de pobreza”, concluye.

 

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