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Ron Paul.

El fin de la hegemonía del dólar

Por José Alberto Villasana

Con el permiso de Ron Paul, Congresista federal estadounidense, traducimos y publicamos su discurso pronunciado ante la Cámara de Representantes, el pasado 15 de Febrero de 2006.

Ron Paul es integrante de la Comisión Económica Conjunta, de la Comisión de Relaciones Internacionales y de la Comisión de Servicios Financieros, en la que es Vicepresidente de la Subcomisión de Investigación y Vigilancia. Fue Presidente de la Comisión para la Moneda de Oro. Es autor del libro “En Defensa del Oro”, y se ha caracterizado por abogar en el Congreso estadounidense por el retorno a una moneda honesta de valor intrínseco. El original en Inglés “The End of Dollar Hegemony” se encuentra publicado en su página de Internet http://www.house.gov/paul/

 

El fin de la hegemonía del dólar

 

Hace cien años se le llamaba “diplomacia del dólar”. Después de la Segunda Guerra Mundial, y especialmente después de la caída de la Unión Soviética , en 1989, esa política evolucionó a la “hegemonía del dólar”. Pero después de todos estos años de éxito, nuestro dominio mediante el dólar está a punto de terminar.

Se ha dicho, correctamente, que aquel que tiene el oro establece las reglas. En tiempos lejanos se aceptaba fácilmente que el comercio honesto y digno requería el intercambio por algo de valor real.

Primero fue simplemente el trueque de bienes. Luego se descubrió que el oro gozaba de una atracción universal, y era muy conveniente para sustituir las pesadas y torpes transacciones del trueque. El oro no solo facilitaba el intercambio de bienes y servicios, sino que servía como forma de conservar valor para quienes lo querían ahorrar para épocas tormentosas.

Aunque el dinero evolucionó naturalmente en el mercado, conforme creció el poder de los gobiernos éstos asumieron el control monopólico sobre el dinero. A veces, los gobiernos lograban garantizar la calidad y pureza del oro, pero también aprendieron a derrochar sus ingresos. Nuevos y mayores impuestos siempre eran rechazados por la gente, así que no fue mucho antes de los reyes y césares que supieron cómo inflar sus divisas reduciendo la cantidad de oro en cada moneda, deseando siempre que sus súbditos no descubrieran el fraude. Pero la gente siempre lo descubrió, y lo rechazaron con firmeza.

Eso obligó a que los gobernantes buscaran más oro conquistando otras naciones. La gente se acostumbró a vivir más allá de sus posibilidades y gozó de “pan y circo”. Financiar las extravagancias conquistando tierras extranjeras parecía la alternativa lógica para evitar trabajar duro y producir más. Además, conquistar otras naciones no solo trajo el oro a casa, con él también trajeron esclavos. Aplicar impuestos a los pueblos conquistados también ofreció el incentivo para construir imperios.

Este sistema de gobierno funcionó por un tiempo, pero el declive moral de la gente llevó al deseo de no producir para sí mismo. Llegó a un límite el número de países que podían ser saqueados, y esto siempre llevó a los imperios a su fin. Cuando no se podría conseguir más oro, la fuerza militar se derrumbó. En esos días, aquellos que conservaron el oro pudieron escribir las reglas y vivir bien.

La norma general se ha mantenido durante todas las épocas. Cuando se usaba el oro y las leyes protegían el comercio honesto, las naciones productivas prosperaron. Cuando las naciones ricas, con oro y ejércitos poderosos, se esforzaron únicamente por dominar y despilfarrar fortunas para mantener su bienestar en casa, esas naciones fracasaron.

Hoy día, los principios son los mismos, pero el proceso es bastante diferente. El oro ya no es el dinero del mundo, lo es el papel. La verdad ahora es “quien imprime los billetes establece las reglas”, al menos por el momento. Aunque el oro ya no se usa, los objetivos son los mismos: obligar a las naciones extranjeras a producir y subsidiar a nuestro país que tiene superioridad militar y control sobre la impresión de dinero.

Desde que imprimir el dinero no es más que una forma de falsificación, quien emite la moneda internacional de reserva tiene que ser el país con la fuerza militar suficiente para garantizar el control de ese sistema. Este esquema magnífico parece el sistema perfecto para obtener riqueza perpetua para el país que emite la moneda internacional de reserva. El único problema es que, no obstante, dicho sistema destruye a la población de las naciones engañadas, tal y como cuando el oro era el dinero y éste se obtenía conquistando otros países. Y, además, destruye el incentivo de nuestro país para producir y ahorrar, mientras se estimula el endeudamiento y la dilapidación de la riqueza.

La presión en nuestro país para inflar el dinero viene de las empresas beneficiadas y de quienes reclaman dádivas en compensación por sus necesidades ó daños percibidos. En ambos casos se rechaza la responsabilidad personal.

Cuando se rechaza el papel moneda, o cuando se acaba el oro, el bienestar y la estabilidad política se pierden. El país pasa entonces de vivir más allá de sus posibilidades, a vivir por debajo de sus posibilidades, hasta que el sistema económico y político se ajusta a las nuevas reglas, reglas que ya no son escritas por quienes rigieron la difunta imprenta de billetes.

La “diplomacia del dólar”, una política instaurada por William Howard Taft y su Secretario de Estado Philander C. Knox, fue diseñada para fortalecer las inversiones comerciales norteamericanas en América Latina y el lejano Oriente. McKinley se inventó una guerra contra España en 1898, y el corolario de Teodoro Roosevelt respecto a la Doctrina Monroe precedió la estrategia agresiva de Taft para usar el dólar y la influencia diplomática para asegurar las inversiones estadounidenses en el extranjero. Esto le ganó el nombre popular de “diplomacia del dólar”. El significado del cambio operado por Roosevelt fue que nuestro intervencionismo se podía justificar ahora por la mera “apariencia” de que un país de interés para nosotros era política ó fiscalmente vulnerable al control europeo. No solo reclamamos un derecho, sino una “obligación” oficial del gobierno de los Estados Unidos para proteger nuestros intereses comerciales de los europeos.

Esta nueva política vino como anillo al dedo para la diplomacia de los “buques de guerra” de finales del Siglo XIX, y significó que podíamos comprar influencia antes de recurrir a amenazar por la fuerza. Para cuando la “diplomacia del dólar” de William Howard Taft se articuló claramente, las semillas del Imperio Americano fueron plantadas. Y estaban destinadas a crecer en el fértil suelo político de un país que perdió el amor y el respeto por la república que nos heredaron los autores de la Constitución. Y las semillas crecieron. No tardó mucho antes de que la “diplomacia del dólar” se convirtiera en la “hegemonía del dólar” en la segunda mitad del Siglo XX.

La transición solo pudo darse mediante un cambio dramático en la política monetaria y en la naturaleza del dólar mismo.

El Congreso creó el Sistema de la Reserva Federal en 1913. Entre entonces y 1971, el principio de dinero contante y sonante fue continuamente atacado. Entre 1913 y 1971, la Reserva Federal encontró fácil expandir discrecionalmente el suministro de dinero para financiar la guerra o manipular la economía con poca resistencia de parte del Congreso, mientras beneficiaba intereses especiales que influían en el gobierno.

El dominio del dólar adquirió gran empuje después de la Segunda Guerra Mundial. Nos ahorramos la destrucción que sufrieron muchas otras naciones, y nuestras arcas se llenaron del oro del mundo. Pero el mundo optó por no regresar a la disciplina del patrón oro, y los políticos lo aplaudieron. Imprimir para pagar las deudas era mucho más popular que elevar impuestos o restringir gastos innecesarios. A pesar de los beneficios de corto plazo, se institucionalizaron desequilibrios para décadas futuras.

El acuerdo de Bretton Woods solidificó al dólar como la moneda de reserva mundial, reemplazando a la Libra esterlina. Debido a nuestro músculo político y militar, y porque teníamos inmensos depósitos de oro físico, el mundo aceptó rápidamente nuestro dólar (definido como la 35ª parte de una onza de oro) como la moneda de reserva mundial. Se decía que el dólar era “tan bueno como el oro” y convertible por todos los bancos centrales a ese tipo de cambio. Para los ciudadanos americanos, en cambio, siguió siendo ilegal su posesión. Este fue un patrón de intercambio de oro que desde el inicio estaba condenado al fracaso.

Los Estados Unidos hicieron lo que muchos predijeron que haría. Imprimió más dólares de los que podía respaldar. Pero el mundo siguió contento de aceptar esos dólares por más de 25 años sin el menor cuestionamiento, hasta que Francia y otros países a finales de los años 60´s demandaron el cumplimiento de nuestra promesa de pagar una onza de oro por cada $35 dólares enviados de vuelta al Tesoro estadounidense. Esto derivó en una enorme sangría de oro que acabó con el débil pseudo patrón oro.

Todo terminó el 15 de agosto de 1971, cuando Nixon cerró la ventana del oro y se rehusó a entregar nada de las 280 millones de onzas de oro que nos quedaban. En resumen, declaramos nuestra insolvencia y todos reconocieron que un nuevo sistema monetario habría de ser diseñado para otorgar estabilidad a los mercados.

Sorprendentemente, se diseñó un nuevo sistema que permitía a los Estados Unidos operar la máquina de imprimir billetes como reserva mundial sin limitación alguna, ni siquiera la convertibilidad por oro, ¡ninguna! Y, a pesar de que la nueva política era más defectuosa, abrió las puertas para que la hegemonía del dólar se expandiera.

Dándose cuenta de que el mundo se estaba embarcando en algo nuevo y alucinante, las elites del dinero, con fuerte apoyo de las autoridades estadounidenses, impulsaron un acuerdo con la OPEC para cotizar el petróleo exclusivamente en dólares para todas las transacciones mundiales. Esto le dio al dólar un lugar especial entre todas las divisas del mundo y, en esencia, “respaldar” el dólar con petróleo. A cambio, los Estados Unidos prometían proteger a los reinos ricos en petróleo del Golfo Pérsico contra la amenaza de invasión o revuelta doméstica. Este acuerdo ayudó a encender el movimiento islámico radical entre aquellos que resintieron nuestra injerencia en la región. El acuerdo le dio al dólar una fuerza artificial, con enormes beneficios financieros para los Estados Unidos. Nos permitió exportar nuestra inflación monetaria a cambio de comprar petróleo y otros bienes a precios de descuento, a medida que la influencia del dólar se consolidaba.

Este sistema, posterior a Bretton Woods, era más frágil que el sistema que existió entre 1945 y 1971. Aunque el acuerdo dólar-petróleo ayudó, no era ni lejanamente estable en comparación con el pseudo patrón oro de Bretton Woods. Ciertamente era mucho más estable que el patrón oro de finales del Siglo XIX.

Durante los años setenta, el dólar estuvo a punto de colapsarse, cuando los precios del petróleo se elevaron y el oro se disparó a $800 dólares la onza. Para 1979, se requirieron tasas de interés del 21% para que el sistema no se colapsara.

La presión sobre el dólar en los años 70's, a pesar de los beneficios obtenidos, reflejó los imprudentes déficits presupuestarios y la inflación monetaria de los años 60's. Los mercados no se dejaron engañar por la declaración de Lyndon B. Johnson de que podíamos afrontar a la vez “cañones y mantequilla”.

Una vez más el dólar fue rescatado, y esto condujo a la verdadera hegemonía del dólar desde principio de los 80's hasta nuestros días. Con tremenda cooperación por parte de los bancos centrales y la banca comercial internacional, el dólar fue aceptado como si fuera oro.

El presidente de la Reserva Federal , Alan Greenspan, hablando en varias ocasiones frente la Comisión Bancaria del Congreso, contestó mis interpelaciones acerca de sus anteriores puntos de vista favorables al oro, alegando que él y otros banqueros centrales consideraban el papel moneda, el sistema del dólar, como si fuera oro. Una y otra vez manifesté mi desacuerdo, y señalé que si ellos habían logrado tal hazaña, estaban desafiando siglos de historia económica acerca de la necesidad de que el dinero fuera algo de valor real. En secreto y confidencialmente él estaba de acuerdo conmigo.

En años recientes, los bancos centrales y varias instituciones financieras, interesados todos en mantener funcionando el patrón de dólar fíat, no ocultaron el vender y prestar enormes cantidades de oro al mercado, incluso cuando derribar los precios del oro planteaba serios cuestionamientos sobre lo atinado de sus políticas. Nunca admitieron un precio del oro fijo, pero hay abundantes evidencias sobre su convencimiento de que si el precio del oro caía, provocaría un sentimiento de confianza al mercado, confianza de que habían logrado un increíble éxito al convertir el papel en oro.

El alza en el precio del oro es históricamente considerada como un indicador de la desconfianza en el dinero de papel. Este esfuerzo no era muy distinto de aquel Tesoro estadounidense vendiendo oro a $35 dólares la onza en los años 60's, en un intento por convencer al mundo que el dólar era tan bueno como el oro. Incluso durante la Depresión , uno de los primeros actos de Roosvelt fue quitar el libre mercado de los precios del oro como una indicación de un sistema monetario decadente simplemente prohibiendo a los ciudadanos estadounidenses poseer oro. Las leyes económicas hicieron fracasar ese esfuerzo, tal y como sucedió a inicio de los 70's cuando nuestro Tesoro y el Fondo Monetario Internacional trataron de establecer el precio del oro arrojando toneladas de oro al mercado para apagar el entusiasmo de aquellos que buscaban un refugio seguro ante un dólar que empezó a hundirse después de que la posesión de oro fue legalizada nuevamente.

Una vez más, el esfuerzo entre 1980 y 2000 para engañar al mercado sobre el verdadero valor del oro ha probado no tener éxito. En los pasados cinco años el dólar se ha devaluado un 50% contra el oro. Simplemente no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo, incluso con el poder de la imponente maquinaria de imprimir billetes y crear dinero de la Reserva Federal.

Incluso con todas las deficiencias del sistema de dinero fiat, la influencia del dólar prosperó. Los resultados parecieron benéficos, pero permanecieron las graves distorsiones construidas dentro del sistema. Y, a decir verdad, los políticos de Washington están ansiosos de resolver los problemas recortando el traje a medida, mientras fallan en entender y manejar la errada política de fondo. El proteccionismo, fijar tasas de intercambio, tarifas punitivas, sanciones motivadas políticamente, subsidios corporativos, manipulación del comercio internacional, control de precios, control salarial y de las tasas de interés, sentimientos supra-nacionalistas, amenazas de fuerza e, incluso, la guerra son usados para resolver los problemas artificialmente creados por los profundamente errados sistemas económico y monetario.

A corto plazo, el emisor de dinero fiat de reserva puede lograr grandes beneficios económicos. A largo plazo, plantea una amenaza para el país que emite la moneda mundial de reserva, en este caso, los Estados Unidos. Hasta el momento que las naciones extranjeras tomen nuestros dólares a cambio de bienes reales, salimos adelante. Este es un beneficio que muchos en el Congreso no son capaces de reconocer, al tiempo que reprochan a China por mantener una balanza comercial positiva con nosotros. Pero esto lleva a una pérdida de trabajos en los mercados extranjeros, en la medida en que nos volvemos más dependientes de otros y menos autosuficientes. Los demás países acumulan nuestros dólares debido a sus altas tasas de ahorro, y amablemente nos los devuelven a bajas tasas de interés para financiar nuestro consumo excesivo.

Suena a un gran acuerdo que beneficia a todos, pero llegará el tiempo en que nuestros dólares, debido a su depreciación, serán recibidos con menos entusiasmo e incluso rechazados por los demás países. Esto podría crear un enorme juego de pelota y forzarnos a pagar un alto precio por vivir más allá de nuestras posibilidades y producción. El cambio de sentimiento respecto al dólar ya ha comenzado, pero lo peor está aún por venir.

El acuerdo con la OPEC en los 70's para cotizar el petróleo en dólares ha proporcionado tremenda fuerza artificial al dólar como la moneda de reserva mundial. Esto ha creado una demanda universal por el dólar, lo cual absorbe la inmensa cantidad de dólares que se imprimen cada año. Simplemente el año pasado, el M3 creció en más de $700 billones de dólares.

La demanda artificial por nuestro dólar, a la par de nuestra fuerza militar, nos sitúa en la posición única de “dominar” el mundo sin trabajo productivo ó ahorros, y sin límites a nuestros gastos de consumo ó déficits. El problema es que esto no puede durar mucho.

La inflación de precios está sacando su cabeza monstruosa, y la burbuja del NASDAQ, generada con dinero fácil, ha explotado ya. La burbuja hipotecaria que se ha creado también se está colapsando. Los precios del oro se han redoblado, y el gasto federal está desbocado y sin alguna decisión política para controlarlo. El déficit en cuenta corriente el año pasado superó los $728 billones de dólares. Una guerra de $2 trillones de dólares nos está embargando, y se hacen planes para extender la guerra a Irán y probablemente Siria. La única fuerza para detenerlo será el rechazo mundial del dólar. Tendrá que suceder y esto ocasionará situaciones peores a las de 1979-1980, que requirieron tasas del 21% para corregir. Pero harán todo lo posible para proteger al dólar por el momento. Tenemos intereses compartidos con aquellos que ahora aceptan nuestros dólares para mantener la farsa funcionando.

Greenspan, en su discurso antes de dejar la Reserva Federal , dijo que los precios del oro van hacia arriba por temor ante el terrorismo, y no por desconfianza monetaria o porque él ha creado demasiados dólares durante su mandato. Incluso cuando el dólar sufre serios ataques por parte de las fuerzas del mercado, los bancos centrales y el Fondo Monetario Internacional hacen todo lo posible por absorber los dólares esperando reestablecer la estabilidad. Esto les va a fallar un día.

Y lo más importante, la relación dólar-petróleo se ha tenido que mantener con tal de preservar al dólar como la moneda de reserva. Cualquier ataque a esta relación será reprimido por la fuerza, como ya ha sucedido.

En Noviembre de 2000, Saddam Hussein solicitó Euros a cambio de su petróleo. Su arrogancia fue la de desafiar al dólar; su falta de poder militar no representaba ninguna amenaza. En la primera reunión de Gabinete con la nueva administración, en 2001, como relató el Secretario del Tesoro, Paul O´Neill, el tema más preponderante fue cómo deshacerse de Saddam Hussein, a pesar de que no había una sola evidencia de que representara para nosotros una amenaza. Este gran interés por Saddam Hussein sorprendió e impresionó mucho a O´Neill.

Ahora se sabe que la reacción inmediata del gobierno después del 11/S fue cómo relacionar a Saddam Hussein con los ataques, para justificar la invasión y derrocar su gobierno. Incluso aunque no había evidencias sobre ninguna conexión con el 11/S, ó evidencias sobre armas de destrucción masiva, se generó a toda prisa apoyo del Congreso y de la opinión pública, mediante desinformación y distorsión de los hechos, para justificar la agresión contra Hussein.

No se hablaba públicamente de remover a Saddam Hussein por su ataque contra la integridad del dólar como moneda de reserva al vender petróleo en Euros. Muchos creen que esta fue la verdadera razón de nuestra obsesión contra Irak. Yo dudo que sea la única razón, pero bien pudo haber jugado un papel significante en nuestra motivación para ir a la guerra. Al poco tiempo de la invasión militar, todas las ventas de petróleo iraquí se llevan a cabo en dólares. El Euro fue abandonado.

En 2001, el Embajador de Venezuela en Rusia habló de que Venezuela cambiaría al Euro para sus ventas de petróleo. Al año ya había un intento por derrocar a Chávez, y se denunciaba que era con el apoyo de nuestra CIA.

Después de que se resistieron estos intentos por hacer que el Euro reemplazara al dólar como moneda mundial de reserva, se revirtió la abrupta caída del dólar contra el Euro. Estos eventos bien pudieron jugar un papel decisivo para mantener el dominio del dólar.

Hoy día resulta claro que el gobierno estadounidense veía con simpatía a quienes habían complotado para derrocar a Chávez, y que estuvo molesto por no haberlo logrado. El hecho de que Chávez fue electo democráticamente contaba poco para nosotros.

Ahora existe otra amenaza contra el sistema del petrodólar. Irán, otro miembro del “eje del mal”, ha anunciado sus planes para iniciar a cotizar el petróleo en bolsa a partir de marzo de este año. Y ¿qué creen?, quieren fijar los precios en Euros, no en dólares.

La mayoría de los estadounidenses ha olvidado cómo nuestras políticas sistemáticamente han antagonizado con los iraníes por años. En 1953, la CIA ayudó a derrocar al presidente Mohammed Mossadeqh, democráticamente electo, para instalar al autoritario Shah, amigo de los Estados Unidos. Los iraníes apenas terminaban de digerir esto cuando fueron capturados los rehenes en 1979. Nuestra alianza con Saddam Hussein para invadir Irán en 1981 no solucionó las cosas, y obviamente tampoco ayudó mucho en nuestra relación con Saddam Hussein. El anuncio del gobierno en 2001 de que Irán era parte del “eje del mal”, tampoco ayudó mucho a mejorar las relaciones diplomáticas entre ambos países. Las amenazas recientes sobre el poderío nuclear iraní, ignorando el hecho de que Irán está rodeado de países con armas nucleares, no son la preocupación real de aquellos que siguen provocando a Irán. La mayoría de los musulmanes lo percibe como nuestra “guerra contra el Islam”, y hay poco conocimiento de cómo Irán podría dañar a los Estados Unidos minando el dólar. Irán, al igual que Irak, tiene cero capacidad de atacarnos. Pero eso tampoco fue un obstáculo para impedirnos convertir a Saddam Hussein en un moderno Hitler listo para dominar el mundo. Ahora Irán, especialmente a partir de sus planes para vender su petróleo en Euros, es objeto de una guerra de propaganda no muy distinta a la que emprendimos contra Irak antes de la invasión.

Probablemente el mantener la supremacía del dólar no fue la única razón de la guerra contra Irak, ni tampoco para emprender esta contra Irán. Si bien las razones reales para ir a la guerra son complejas, lo que sí sabemos es que las razones para comenzar la guerra, como la presencia de armas de destrucción masiva ó la conexión de Saddam Hussein con el 11/S, eran falsas.

La importancia del dólar es obvia, pero esto no disminuye la influencia de los diversos planes establecidos por los neo-conservadores hace años para rehacer el Medio Oriente. La influencia de Israel, al igual que la de los sionistas cristianos, también jugó un papel importante para emprender esa guerra. Proteger “nuestros” suministros de petróleo ha condicionado nuestras políticas en Medio Oriente por décadas.

Pero la verdad es que pagar los costos de ese intervencionismo agresivo es imposible al viejo estilo, con más impuestos, más ahorros y más producción por los estadounidenses. Muchos de los gastos para la Guerra del Golfo, en 1991, fueron soportados por nuestros aliados. Pero esto ya no será así. Ahora, más que nunca, la hegemonía del dólar, su dominio como moneda mundial de reserva, se requiere para financiar nuestros enormes gastos militares. Esta guerra inacabable de $2 trillones de dólares se tendrá que pagar de una o de otra forma. La hegemonía del dólar es la que lo permite.

Pero la mayoría de las víctimas reales ignoran cómo pagan estos costos. La licencia para crear dinero de la nada permite que esos costos sean pagados a través de la inflación. Los ciudadanos estadounidenses, al igual que los ciudadanos de Japón, China y otros países sufren la inflación, la cual representa el “impuesto” para pagar los costos de nuestras aventuras militares. Esto sucederá así hasta que se descubra el fraude, y los productores extranjeros decidan no aceptar más nuestros dólares ó no retenerlos como pago por sus bienes. Se hace hasta lo imposible para evitar que el fraude del sistema monetario sea descubierto por las masas que tienen que sufrirlo. Si los mercados de petróleo reemplazan los dólares por Euros, se reduciría nuestra posibilidad de imprimir, sin limitaciones, la moneda mundial de reserva.

Para nosotros representa un enorme beneficio importar bienes tangibles y exportar nuestros dólares que se devalúan. Los países exportadores se han vuelto adictos a nuestras compras para su progreso económico. Esta dependencia los hace aliados para perpetuar el fraude, y su participación mantiene el valor del dólar artificialmente alto. Si este sistema funcionara a largo plazo, los ciudadanos estadounidenses no tendrían que trabajar más. Nosotros también podríamos gozar de “pan y circo” como los romanos, pero el oro de Roma finalmente se acabó y ya no pudieron seguir saqueando a las naciones conquistadas, hasta que se colapsó su imperio.

Lo mismo nos va a pasar si no cambiamos. A pesar de que nosotros no ocupamos a las naciones para saquearlas directamente, hemos extendido nuestras tropas a 130 países del mundo. Nuestro intenso esfuerzo para expandir nuestro dominio sobre un Medio Oriente rico en petróleo no es una coincidencia. Pero, a diferencia de antes, no declaramos pertenencia directa de los recursos naturales, simplemente insistimos en que podemos comprar lo que queremos con nuestro papel moneda. Cualquier nación que reta nuestra autoridad lo hace con un alto riesgo.

Una vez más, el Congreso ha introducido la propaganda de guerra contra Irán, tal y como lo hizo contra Irak. Se elaboran argumentos para atacar a Irán económica y militarmente. Todos esos argumentos se basan en las mismas falsas razones que se esgrimieron para la insana y costosa ocupación de Irak.

Nuestro sistema económico entero depende de continuar los actuales arreglos monetarios, los cuales implican que el reciclaje del dólar es vital. Actualmente, pedimos prestado cerca de $700 billones de dólares cada año a nuestros generosos benefactores, que trabajan duro y toman a cambio nuestros papeles. Así que son acreedores de todo el dinero que se necesita para asegurar el imperio. La fuerza militar de que gozamos se vuelve el “respaldo” de nuestra moneda. No hay otros países que puedan desafiar nuestra superioridad militar, y por tanto no les queda otra que aceptar los dólares que definimos como el “oro” de nuestros días. Es por eso que las naciones que amenazan ese sistema, como Irak, Irán ó Venezuela, se vuelven blanco de nuestros planes para derrocar regímenes.

Irónicamente, la superioridad del dólar depende de nuestro poderío militar, y nuestro poderío militar depende del dólar. Mientras los extranjeros reciban nuestros dólares como bienes reales y continúen deseando financiar nuestro extravagante consumismo y militarismo, el status quo continuará a pesar de qué tan grande se vuelva nuestra deuda externa ó nuestro déficit.

Pero las amenazas reales vienen de nuestros adversarios políticos que son incapaces de confrontarnos militarmente pero no tienen temor de confrontarnos económicamente. Me parece que por eso estamos tomando en serio las amenazas de Irán. Los argumentos urgentes acerca de que Irán representa una amenaza militar a la seguridad de los Estados Unidos no son más plausibles que las falsas acusaciones inventadas contra Irak. A pesar de eso, no hay esfuerzo alguno por resistir a esta marcha a la confrontación por parte de aquellos que tuvieron razones políticas contrarias a la guerra contra Irak.

Parece que la gente y el Congreso son fácilmente engañados por la palabrería de quienes promueven la guerra preventiva. Es solo después del elevado costo de vidas humanas que la gente se opone al militarismo.

Lo extraño es que, a pesar de que nuestra derrota en Irak es hoy evidente para la mayoría, el Congreso y la opinión pública estamos cediendo ahora al llamado de una confrontación inútil y peligrosa contra Irán.

Nuestra derrota en encontrar a Osama Bin Laden y destruir su red no nos disuadió de emprender contra los iraquíes una guerra que para nada se relacionaba con el 11/S.

La preocupación por mantener la cotización del petróleo en dólares es la que explica nuestra determinación por hacer caso omiso de todo con tal de enseñar a Saddam Hussein la lección sobre su desafío de pedir Euros a cambio de su petróleo.

Una vez más hay un llamado urgente para infligir sanciones y proferir amenazas contra Irán, todo a raíz de que Irán está abriendo un intercambio de petróleo en Euros.

Pero usar la fuerza para obligar a la gente a aceptar dinero sin valor real solo puede funcionar a corto plazo. Ultimadamente lleva a la distorsión económica, doméstica e internacional, y siempre termina en la necesidad de pagar los costos.

La ley económica de que el intercambio honesto requiere a cambio cosas de valor real, no puede ser infringida. El caos que un día vendrá como consecuencia de nuestro experimento de 35 anos con dinero fiat nos obligará a volver al dinero con valor real. Sabremos que ese día está próximo cuando los países productores de petróleo comiencen a demandar oro o su equivalente a cambio, en vez de dólares ó Euros. Entre más pronto, mejor.

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